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Sólo en Honduras se cree que han sido asesinadas unas 250 personas por defender los derechos de los pueblos indígenas frente a los intereses económicos. Entre las últimas víctimas está Berta Cáceres. El hombre blanco y la explotación de sus recursos sigue siendo su principal enemigo.

La inauguración de los Juegos Olímpicos de Río ha enseñado al mundo una realidad, en parte desconocida para muchos, la de los pueblos indígenas que viven en la Amazonia. Por eso, descubramos quiénes son esas tribus que tratan de conservar el modo de vida de sus ancestros, y si en el Nuevo Continente quedan otros paraísos en peligro.

 

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Rio de Janeiro – Cerimônia de abertura dos Jogos Olímpicos Rio 2016 no Estádio do Maracanã. (Fernando Frazão/Agência Brasil) Wikipedia

 

Lo primero que tenemos que saber es, según la ong Survival, en estos momentos viven en Brasil viven alrededor de 240 tribus, unas  900.000 personas. Supone  el 0,4% de la población  de este país. El Gobierno ha reconocido 690 territorios para sus habitantes indígenas, que abarcan aproximadamente el 13% de su superficie.  La mayor parte de  esta reserva (el 98,5%) está  en la Amazonia. Aunque, estiman  que la mitad de los indígenas de Brasil viven fuera de estas áreas. Sólo ocupan el 1,5% del total del territorio reservado para los indígenas en el país.

En principio, parece un número bastante elevado, pero, en esta misma web se reconoce otro interesante dato.  La historia de estos modos de  vida, enraizados en la naturaleza, ha estado marcada por la brutalidad, la esclavitud, la muerte y el genocidio.

Cuando llegaron los primeros europeos, allá por el año 1500, Brasil estaba poblado por 11 millones de indígenas de 2.000 tribus distintas. En menos de 100 años, la mitad resultaron aniquilidados  por las enfermedades portadas por los colonizadores como el sarampión o la gripe. Miles murieron, además, en las plantaciones de caña de azúcar y caucho. Su población ha ido descendiendo tanto que se calculó que en 1980 ya no quedaría ninguno. Por fortuna, no ha sido así.

Aún así, sólo en Brasil existen alrededor de unos 200 colectivos están dedicados a su defensa, a sus derechos. Su principal amenaza, hoy en día, sigue siendo el hombre blanco. Más concretamente,  presas hidroeléctricas destinadas a proporcionar energía barata a la industria minera, como reconoce Survival. Supone, de hecho, arrebatarles las tierras que le han pertenecido todo la vida.

Es más, en esta web se explica que  en el sur, muchas tribus como los guaraníes viven en condiciones lamentables bajo lonas de plástico junto a los bordes de carreteras. Añade que sus líderes son perseguidos y asesinados por pistoleros contratados por los terratenientes de estas zonas.  Su objetivo es  evitar que recuperen sus tierras. Es más, denuncian que muchos guaranies se han suicidado, acosados por la desesperación que les produce  la expectativa de el vivir lejos de sus hogares y de  sus costumbres.

 

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Foto: Procedente de Survival. Protesta ante la construcción de una presa en la Amazonia

Situación de los pueblos indígenas en América

Pero, la situación de los pueblos indígenas en Brasil es la punta del iceberg. Ya que, a pesar de que se intenta preservar su modo de vida, lo cierto es que no siempre se hace. Y no están mejor en países como Argentina o Panamá. Repasamos en que punto nos encontramos, si es oro todo lo que reluce.

Para empezar, a pesar del crecimiento económico vivido por este continente, según recoge notiamerica.com, uno de cada 3 indígena sigue siendo pobre en Latinoamérica.  Elabora un ranking de países donde sus derechos son menos respetados. Lo encabeza Costa Rica, Panamá, Honduras y Guatemala. Países donde se sigue consintiendo que se vulneneren sus derechos más básicos, derechos reconocidos por la ONU.

Costa Rica

Según este mismo diario, en Costa Rica desde hace más de 15.000 años conviven distintos pueblos indígenas. Tienen 6 lenguas distintas y están repartidos en unas 20 zonas de su territorio nacional.

Aunque en su legislación se recoge que estas tierras sólo pueden ser ocupadas y explotadas por ellos, muchos han sido despojados de ellas de forma violenta. Hasta el punto es así que en 2014 sus representantes expusieron al secretario de la ONU, Ban Ki-Moon el horror que estaban viviendo. Con total impunidad grupos armados entraban en sus poblados y les quemaban sus casas.

Incluso, diversos colectivos denuncian que están siendo objeto de discriminaciones y lo peor, aquellos que abiertamente los defienden tienen  miedo ante las posibles represalias.

Panamá

Una situación similar vive Panama. Las comunidades étnicas abarcan un 20% de su terreno. En su Constitución se les reconoce que deben ser respetados, pero, en la práctica la realidad es otra. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, también, ha llamado la atención al Gobierno panameño. No están tomando las medidas necesarias para evitar los desalojos de las viviendas y de las tierras de estas familias indígenas. Y todo para explotar sus recursos natulares y turísticos.

Honduras

En Honduras, tampoco, están mejor las comunidades indígenas. La violencia generalizada contra periodistas y activistas es el día a día de este país. Se calcula que hasta unos 250 dirigentes de estos colectivos han sido asesinados por defenderlos frente a los intereses de la industria minera e hidroeléctrica. Entre las víctimas, Berta Cáceres que murió el pasado 3 de marzo cuando un grupo de pistoleros entró en su casa.

Se estima que son más de 1,5 millones hondureños. Los más numerosos son los garífuna, con 300.000 habitantes. En total son 9 pueblos distribuidos en unas 2.200 comunidades.

Guatemala

En Guatemala representan casi la mitad de la población, y en las zonas rurales son mayoría. A pesar de ello, su cultura, tradiciones o espiritulidad han sido sistemáticamente ignoradas y discriminadas, según señala la Red Internacional de Derechos Humanos o los medios de comunicación.

El reconocimiento de sus derechos hunde sus raíces en los Acuerdos de Paz de 1996. Puso fin a un conflicto armado interno que duró 30 años, y donde  las principales víctimas fueron los campesinos. Se les masacró  sin más paliativos, a través de  la táctica de la tierra arrasada.

En concreto, al igual que el resto de pueblos indígenas sus problemas derivan de la posesión de sus tierras. Puesto que, aunque sobre el papel se les reconoce sus derechos, en realidad, muchos de ellos han sido obligados a marcharse.

Además, tienen dificultades para acceder a la justicia, ni siquiera tienen traductores en los juzgados para que puedan tramitar sus demandas o no se les otorga abogados de oficios.

En definitiva, 5 siglos de la llegada de Colón y su principal problema para la supervivencia de su modo de vida sigue siendo los intereses económicos.

 


 

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