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Hasta 60 millones de personas del mundo son refugiados, al drama ya vivido se le une que no tienen adonde ir. La comunidad internacional intenta mirar hacia otro lado,  y no toma medidas contundentes que palíe este problema humanitario. La mitad de estas víctimas son niños, y en Europa no se les da cobijo, como obliga la Declaración de los Derechos Humanos.  En cuatro años la violencia de las guerras ha hecho que prácticamente se duplique su número. Mientras, con la intención de ocultar esta realidad jugamos con el lenguaje, y lo intentamos camuflar con el término inmigración ilegal, cuando es pura desesperación, y la desesperación no es un delito.


Hoy  es el Día Mundial de los Refugiados, propuesto por la ONU. Una jornada que, al menos, debería llevarnos a la reflexión, ya que el resto del año ni prestamos atención a esa lejana realidad. De momento, ya tenemos un dato, en el mundo existen 60 millones de personas que han tenido que dejar atrás su hogar huyendo de la miseria y de la violencia. O lo que es lo mismo, por  cada 122 personas del mundo  hay otra que es un refugiado, desplazado o está buscando asilo.

Lo primero que pienso es que eso de refugiados es un término engañoso, porque a dónde van esas personas o dicho de otro modo, quién les da refugio y seguridad. Me temo, que en la mayoría de los casos, nadie. Trataré de solventar esta incipiente duda.

La Organización de las Naciones Unidas asegura que tienen que ser protegidos. Y lo establece en la Convención sobre el Estatuto del Refugiado de 1951 y su protocolo de 1997

Los refugiados merecen como mínimo los mismos estándares de tratamiento que el resto de extranjeros en un país y, en muchos casos, el mismo tratamiento que los nacionales. ⌈..⌋ Es el principio de no devolución. De acuerdo con este principio, un refugiado no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas a su vida o su libertad.

 

Esto es sobre el papel,   aunque, no se les devuelve en la mayor parte de las ocasiones,  no siempre y entre comillas es así. Porque la ONU ha llamado la atención a España en varias ocasiones para que no sean expulsados sin más, aquellos que entran a través de la valla de Ceuta y Melilla. Son las denominadas devoluciones en caliente. Directamente, sin más garantías jurídicas, sin ni siquiera saber las razones por las que trata de entrar, se le devuelve como una “cosa”, por donde ha venido.

El lenguaje tramposo de nuevo hace de las suyas, y tapa  esta vulneración de los derechos humanos con aquello de la  socorrida  inmigración ilegal,  y si es algo más sensible a este drama, lo camuflará con inmigración irregular. Lo digo porque aunque muchas ongs lo gritan, ninguna persona es ilegal, parece que no se tiene claro desde algunas instituciones y medios de comunicación que utilizan esta fórmula para enmascarar la falta de solidaridad con quien lo necesita.

La propia ONU te pregunta:

Si un conflicto amenazara a tu familia, ¿Tú qué harías? ¿Quedarse y arriesgar la vida en el conflicto? ¿Huir y arriesgarse a ser secuestrados, violados, torturados o algo peor? 

Como vemos la única salida que tienen en confiar en la solidaridad internacional, puesto que las opciones son malas o peor. ¿Tan difícil es ponerse en lugar del otro? En esencia es eso, por mucho, que intentemos adornarlo. Tanto es así, que el secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon,   concluye:

Los refugiados son personas como las demás, como tú y como yo. Antes de ser desplazados, llevaban una vida normal y su mayor sueño es recuperarla. En este Día Mundial de los Refugiados, recordemos la humanidad que nos es común, celebremos la tolerancia y la diversidad y abramos nuestro corazón a los refugiados en todo el mundo.

 

 

De enormes dimensiones

En esta semana, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el Refugiado ha divulgado las cifras de este problema humanitario de enormes dimensiones, se han alcanzado cifras históricas, sólo comparables con las de la Segunda Guerra Mundial.

El aumento de la violencia y de la guerra en Oriente Medio, en Siria e Irak, Pakistán, Ucrania, República Centroafricana, Sudán del Sur o Nigeria han hecho que cada día 42.500 personas hayan abandonado sus casas. De hecho, tan sólo en cuatro años casi se ha duplicado esta cuantía. En 2010 se registraron 35 millones en esta situación, ahora son 59,5 millones. De ellos, la mitad son niños. Para hacernos una idea, unos 10.500 menores cruzaron la Ruta del Mediterráneo para intentar llegar a Italia, y otros 1.100 llegaron igual a Grecia. Números que asustan.

 Pero hay más, su futuro es tan incierto, después de vivir lo que han vivido estas personas, que en su huida no sólo se enfrentarán a posibles secuestros, violaciones o torturas, sino que pueden perder la vida.

La mayor ruta para escapar es la del Mediterráneo, y aquí, el mar se ha cobrado demasiadas víctimas. Se estima que en 2014,  219.000 personas se jugaron lo único que tenían, su vida. Se sabe que murieron, o mejor dicho,  la mar devolvió los cuerpos de 3.500 personas. En este año ya van 1.865 cadáveres encontrados en las costas. Y otras 100.000 lo han intentado.

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 El Gobierno de España mira hacia otro lado

Llegados a este punto, habría que preguntarse si la comunidad internacional es sensible a esta realidad o no, y ya sospechamos la respuesta. Lo contesta la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y de manera contundente: NO. Habla de pasividad de la Unión Europea, y califica sus medidas de claramente insuficientes con el pretendido sistema de cuotas de asilo.

A Europa llegaron unas 625.000 peticiones de asilo, de ellas a España, unas 6.000, según refugiadosmasquecifras.org

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 Y de estas peticiones tan sólo se aprueban una minoría, aunque, dependerá del país de referencia. En España se rechazan el 56% de sus peticiones, y no es el país menos solidario de Europa, en Francia, por ejemplo, se alcanza un porcentaje del 78%.   En definitiva, en nuestro Reino, tan sólo hemos acogido a 2.616 personas. Viendo la envergadura de este drama, es una gotita de un océano formado por casi 60 millones de víctimas. Europa en su conjunto, a penas acoge a 3 millones. Así que respondiendo a la pregunta inicial, de adónde iban, en realidad, ni siquiera se sabe, pero, muy pocos consiguen huir de verdad, de la penuria y el miedo a morir.

 

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patitas

 


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